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jueves, 18 de mayo de 2017

Sosita (Un aperca al olvido)

presenta

Sosita (Un aperca al olvido)
FICHA TECNICA
AUTOR: Héctor Vázquez y Raúl Saggini
DIRECCIÓN: Raúl Saggini
ACTÚA: Héctor Vázquez
PRODUCCIÓN: EL GALPON ESPACIO CULTURAL
PARA ACREDITACIONES Y NOTAS: 25aquiayahora@gmail.com
CEL: (03406) 15428442 / Héctor Vázquez (SAN JORGE)

ESPACIO SCALABRINI –Scalabrini Ortiz 276 (Timbre 5), esq Av. Corrientes
DOMINGO 21 de MAYO 20hs- FUNCIÓN A LA GORRA










LA OBRA:
 Sosita (Un aperca al olvido) , es el montaje de un espectáculo unipersonal, que ha sido pensado y diseñado para público adolescente y adulto, con la actuación de Héctor Vazquez y la dirección de Raúl Saggini (Rosario).
Entre los años 1960 y 1990 habitó las calles de la ciudad de San Jorge, provincia de Santa Fe, un hombre linyera, llamado “Sosita”.
Su nombre era Ramón o Román Sosa, había llegado a San Jorge en los años 50 cuando aún era un pueblo, proveniente del interior de la provincia de Córdoba, producto de las clásicas migraciones internas en busca de trabajo en las prósperas ciudades o pueblos santafecinos que desarrollaban las incipientes agroindustrias que demandaban mano de obra.
De trabajar como boyero en una estancia cercana a San Jorge, donde criaban toros de raza para reproducción, pasó a ser un boxeador amateur desde el año 1957 a 1963, realizando peleas en San Jorge y algunas poblaciones vecinas, consiguiendo fama y renombre por su golpe “uppercut o gancho”, “aperca”, como a él le gustaba decir.
Alrededor de él se tejieron distintas historias y anécdotas que como a todo personaje de estas características, se le van agregando con el correr del tiempo, hechos que se van convirtiendo en “mitos urbanos”.
Lo que sí se sabe y es realidad, es que Sosita deambuló 30 años por las calles de la ciudad en la total indigencia, al comienzo era llevado a hospitales de Santa Fe para que se le apliquen electro shock para calmar sus ataques violentos y de epilepsia, que algunos dicen, era consecuencia de los golpes recibidos en la práctica del boxeo.
Pero, otra realidad, es que no molestaba a nadie, no pedía, solo esperaba que le den algo para comer y se recluía en una tapera cercana a la ciudad, conocida como “la tapera de los eucaliptos”, donde vivía con un perro negro llamado Falucho, y por supuesto era blanco de burla de algunos chicos y terror para otros, utilizado como “cuco” por las madres, todos recuerdan que decían: “Hacé ... “tal cosa” o viene Sosita”.
Sus últimos 18 años de vida, desde 1993 a 2011 vivió en forma alternada entre el hospital psiquiátrico, la calle y el Hogar de Ancianos, de donde se escapaba permanentemente para volver a la tapera.

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